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Imperio Bizantino

Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino -llamado también, sobre todo para hacer referencia a su etapa inicial, Imperio Romano de Oriente- fue un Imperio cristiano medieval de cultura griega cuya capital estaba en Constantinopla o Bizancio (actual Estambul). Los orígenes del Imperio Bizantino se remontan a la etapa final del Imperio Romano. Inicialmente abarcaba todo el Mediterráneo oriental, pero con el tiempo fue sufriendo importantes reducciones territoriales. No existe un consenso general en cuanto a la fecha de inicio del Imperio Bizantino. Para algunos autores, la fecha clave es la fundación de Constantinopla en el año 330, en tanto que otros estudiosos consideran como acta de nacimiento del Imperio Bizantino la muerte de Teodosio I, en 395, cuando el Imperio Romano fue definitivamente dividido en dos mitades, oriental y occidental. Otros piensan que puede hablarse con propiedad de Imperio Bizantino a partir del momento en que fue depuesto el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo (476). La desaparición del Imperio Bizantino se produjo con la caída de Constantinopla en poder de los turcos otomanos, en 1453. Sin embargo, la desaparición del estado bizantino no acabó con los sentimientos nacionalistas del pueblo, ya que los actuales habitantes de Grecia se consideran herederos de la tradición bizantina.

El término "Imperio Bizantino"

"Imperio Bizantino" es un término moderno que hubiera resultado extraño a sus contemporáneos. El nombre original del Imperio en griego era Romania ( Ῥωμανία) o Basileía Romaíon (Βασιλεία Ῥωμαίων), traducción directa del nombre en latín del Imperio Romano, Imperium Romanorum. La expresión "Imperio Bizantino" (de Bizancio, antiguo nombre de Constantinopla) es una creación del historiador alemán Hieronymus Wolf, quien, en 1557 -un siglo después de la caída de Constantinopla- lo utilizó en su obra Corpus Historiae Byzantinae para designar este período de la historia en contraposición con las culturas griega y romana de la Antigüedad clásica. El término no se hizo de uso frecuente hasta el siglo XVII, cuando fue popularizado por autores franceses, como Montesquieu. El éxito del término puede guardar cierta relación con el histórico rechazo de Occidente a ver en el Imperio Bizantino al heredero legítimo de Roma, al menos desde que, en el siglo IX, Carlomagno y sus sucesores esgrimieron el documento falsificado conocido como "Donación de Constantino" para proclamarse, con la connivencia del Papado, emperadores romanos. Desde esta época, el título Imperator Romanorum (emperador de los romanos) quedó reservado a los soberanos del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que el emperador de Constantinopla era llamado Imperator Graecorum (emperador de los griegos),y sus dominios, Imperium Graecorum, Graecia, Terra Graecorum o incluso Imperium Constantinopolitanus. La palabra "bizantino" adquirió después un sentido peyorativo, como sinónimo de "decadente", debido a la obra de historiadores como Edward Gibbon, William Lecky o el propio Arnold J. Toynbee, quienes, comparando la civilización bizantina con la Antigüedad clásica, vieron la historia del Imperio Bizantino como un prolongado período de decadencia. Influyó seguramente también en esta apreciación el punto de vista de los cruzados de los reinos de Europa occidental que visitaron el Imperio en el siglo XIII. En español existe la expresión «discusión bizantina» para referirse a una disputa sobre cuestiones carentes de verdadera importancia, seguramente basada en las interminables controversias teológicas sostenidas por los intelectuales bizantinos. La tradición dice que durante el propio asedio turco de Constantinopla en 1453, que acabó con la anexión de Bizancio al Imperio otomano, gran parte de la atención de las autoridades estaba puesta en una discusión absurda sobre el sexo de los ángeles, lo que aceleró la caída de la capital y con ella, 1000 años de Imperio de Oriente.

Historia

Origen

Para asegurar el control del Imperio Romano y hacer más eficiente su administración, Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, dividiendo el imperio en dos mitades, gobernadas por dos emperadores (augustos), cada uno de los cuales llevaba asociado un "vice-emperador" y futuro heredero (césar). Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia, y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta 324, cuando Constantino unificó ambas partes del Imperio. Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La llamó "Nueva Roma" pero se le conoció popularmente como Constantinopla (en Griego Κωνσταντινούπολις, Constantinoúpolis). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental. Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo, religión, que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales del siglo IV, religión oficial del Imperio. cristianismo A la muerte del emperador Teodosio, en 395, el Imperio se dividió definitivamente: Honorio, su hijo mayor, heredó la mitad occidental, con capital en Roma, mientras que a su otro hijo Arcadio le correspondió la oriental, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores, es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia del Imperio Bizantino. Mientras que la historia del Imperio Romano de Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto Rómulo Augústulo, la historia del Imperio Bizantino se prolongará durante casi un milenio.

Historia temprana

En tanto que el Imperio de Occidente se hundía de forma definitiva, los sucesores de Teodosio fueron capaces de conjurar las sucesivas invasiones de pueblos bárbaros que amenazaron el Imperio de Oriente. Los visigodos fueron desviados hacia Occidente por el emperador Arcadio (395-408). Su sucesor, Teodosio II (408-450) reforzó las murallas de Constantinopla, haciendo de ella una ciudad inexpugnable (de hecho, no sería conquistada por tropas extranjeras hasta 1204), y logró evitar la invasión de los hunos mediante el pago tributos hasta que, tras la muerte de Atila, en 453, se disgregaron y dejaron de representar un peligro. Por su parte, Zenón (474-491) evitó la invasión del ostrogodo Teodorico, dirigiéndolo hacia Italia. La unidad religiosa fue amenazada por las herejías que proliferaron en la mitad oriental del Imperio, y que pusieron de relieve la división en materia doctrinal entre las cuatro principales sedes orientales: Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Ya en 325, el Concilio de Nicea había condenado el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo. En 431, el Concilio de Éfeso declaró herético el nestorianismo. La crisis más duradera, sin embargo, fue la causada por la herejía monofisita, que afirmaba que Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina. Aunque fue también condenada por el concilio de Calcedonia, en 451, había ganado numerosos adeptos, sobre todo en Egipto y Siria, y todos los emperadores fracasaron en sus intentos de restablecer la unidad religiosa. En este período se inicia también la estrecha asociación entre la Iglesia y el Imperio: León I (457-474) fue el primer emperador coronado por el patriarca de Constantinopla. A finales del siglo V, durante el reinado del emperador Anastasio I, el peligro que suponían las invasiones bárbaras parece definitivamente conjurado. Los pueblos germánicos, ya asentados en el desaparecido Imperio de Occidente, están demasiado ocupados consolidando sus respectivas monarquías como para interesarse por Bizancio.

La época de Justiniano

Anastasio I Durante el el reinado de Justiniano (527-565), el Imperio llegó al apogeo de su poder. El emperador se propuso restaurar las fronteras del antiguo Imperio Romano, para lo que emprendió una serie de guerras de conquista en Occidente:
- Entre 533 y 534 un ejército al mando del general Belisario conquistó el reino de los vándalos, en la antigua provincia romana de África. El territorio, una vez pacificado, fue gobernado por un magister militum.
- Entre 535 y 536, Belisario arrebató a los ostrogodos Sicilia y el Sur de Italia, llegando hasta Roma. Tras una breve recuperación de los ostrogodos (541-551), un nuevo ejército bizantino, comandado esta vez por Narsés, anexionó de nuevo Italia al Imperio.
- En 552 los bizantinos intervinieron en disputas internas de la Hispania visigoda y anexionaron al Imperio extensos territorios del sur de la Península Ibérica. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el año 620. En la frontera oriental, Belisario detuvo la ansias expansionistas del persa Cosroes I (531-579), al que derrotó en la batalla de Daras. batalla de Daras Las campañas de Justiniano en Occidente dejaron exhausta la hacienda imperial y precipitaron al imperio en una situación de crisis, que llegaría a su punto culminante a comienzos del siglo VII. La época de Justiniano no sólo destaca por sus éxitos militares. Bajo su reinado, Bizancio vivió una época de esplendor cultural, a pesar de la clausura de la Universidad de Atenas, en la que destacan, entre otras muchas, las figuras de los poetas Nono de Panópolis y Pablo Silenciario, el historiador Procopio, y el filósofo Juan Philoponos. Entre 528 y 533, una comisión nombrada por el emperador codificó el código legal romano en el Corpus Iuris Civilis, permitiendo así la transmisión a la posteridad de uno de los más importantes legados del mundo antiguo. El esplendor de la época de Justiniano encuentra su mejor ejemplo en una de las obras arquitectónicas más célebres de la historia del Arte, la iglesia de Santa Sofía, construida durante su reinado por los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto.

El repliegue de Bizancio

Los siglos VII y VIII constituyen en la historia de Bizancio una especie de "Edad Oscura" acerca de la cual tenemos muy escasa información. Es un período de crisis, del cual, a pesar de las tremendas dificultades externas (el hostigamiento del Islam o los continuos ataques de búlgaros y eslavos) e internas (las luchas iconoclastas), el Imperio salió transformado y reforzado.

Las amenazas exteriores

El siglo VII comienza con la crisis provocada por la espectacular ofensiva del monarca sasánida Cosroes II, que llegó a amenazar la existencia misma del Imperio. Esta situación fue aprovechada por otros enemigos de Bizancio, como los ávaros y eslavos, que pusieron sitio a Constantinopla en 626. El emperador Heraclio fue capaz, tras una guerra larga y agotadora, de conjurar este peligro, repeliendo el asalto de ávaros y eslavos, y derrotando definitivamente a los persas en 628. Sin embargo, apenas unos años después, entre 633 y 645, la fulgurante expansión del Islam arrebata para siempre al Imperio, exhausto por la guerra contra Persia, las provincias de Siria, Palestina y Egipto. A mediados del siglo VII, las fronteras se estabilizaron. Los árabes continuaron presionando, llegando incluso a amenazar la capital, pero la superioridad naval bizantina, reforzada por su magníficas fortificaciones navales y su monopolio del fuego griego un producto químico capaz de arder bajo el agua, salvó a Bizancio. En la frontera occidental, el Imperio se ve obligado a aceptar desde la época de Constantino IV (668-685) la creación dentro de sus fronteras, en la provincia de Moesia, del reino independiente de los búlgaros. Durante toda esta época, además, pueblos eslavos fueron instalándose en los Balcanes, llegando incluso hasta el Peloponeso. En Occidente, la invasión de los lombardos hizo mucho más precario el dominio bizantino sobre Italia.

La querella iconoclasta

Entre los años 726 y 843, el Imperio Bizantino fue desgarrado por las luchas internas entre los iconoclastas, partidarios de la prohibición de las imágenes religiosas, y los iconódulos, contrarios a dicha prohibición. La primera época iconoclasta se prolongó desde 726, año en que León III (717-741) suprimió el culto a las imágenes, hasta 783, cuando fue restablecido por el II Concilio de Nicea. La segunda tuvo lugar entre 813 y 843. En este año fue restablecida definitivamente la ortodoxia. Según algunos autores, el conflicto iconoclasta refleja también la división entre el poder estatal -los emperadores, la mayoría partidarios de la iconoclastia-, y el eclesiástico -el patriarcado de Constantinopla, en general iconódulo; también se ha señalado que mientras que en Asia Menor eran mayoría los iconoclastas, la parte europea del Imperio era más bien partidaria del culto a las imágenes.

Transformaciones

A principios del siglo IX, el Imperio había sufrido varias transformaciones importantes:
- Uniformización cultural y religiosa: la pérdida frente al Islam de las provincias de Siria, Palestina y Egipto trajo como consecuencia una mayor uniformidad. Los territorios que el Imperio conservaba a mediados del siglo VII eran de cultura fundamentalmente griega. El latín fue definitivamente abandonado en favor del griego. Ya en 629, durante el reinado de Heraclio, está documentado el uso del término griego basileus en lugar del latín augustus. En el aspecto religioso, la incorporación de estas provincias al Islam dio por concluida la crisis monofisita, y en 843 el triunfo de los iconódulos supuso por fin la unidad religiosa.
- Reorganización territorial: en el siglo VII -probablemente en época de Constante II (641-668) el Imperio se dotó de una nueva organización territorial para hacer más eficaz su defensa. El territorio bizantino se organizó en themata, distritos militares que eran al mismo tiempo circunscripciones administrativas, y cuyo gobernador y jefe militar, el estrategos, gozaba de una amplia autonomía.
- Ruralización: la pérdida de las provincias del Sur, donde más desarrollo habían alcanzado la artesanía y el comercio, implicó que la economía bizantina pasara a ser esencialmente agraria. La irrupción del Islam en el Mediterráneo a partir del siglo VIII dificultó las rutas comerciales. Decreció la población y la importancia de las ciudades en el conjunto del Imperio, en tanto que empezaba a desarrollarse una nueva clase social, la aristocracia latifundista, especialmente en Asia Menor.

Renacimiento macedónico

El final de las luchas iconoclastas supone una importante recuperación del Imperio, visible desde el reinado de Miguel III (842-867), último emperador de la dinastía amoriana, y, sobre todo, durante los casi dos siglos (867-1056) en que Bizancio fue regido por la dinastía macedonia. Este período es conocido por los historiadores como "renacimiento macedónico".

La política exterior

Durante estos años, la crisis en que se ve sumido el califato abasí, principal enemigo del Imperio en Oriente, debilita considerablemente la amenaza islámica. Sin embargo, los nuevos estados musulmanes que surgieron como resultado de la disolución del califato (principalmente los aglabíes del Norte de África y los fatimíes de Egipto, lucharon duramente contra los bizantinos por la supremacía en el Mediterráneo oriental. A lo largo del siglo IX, los musulmanes arrebataron definitivamente Sicilia al Imperio. Creta ya había sido conquistada por los árabes en 824. El siglo X fue una época de importantes ofensivas contra el Islam, que permitieron recuperar territorios perdidos muchos siglos antes: Nicéforo Focas (963-969) reconquistó el norte de Siria, incluyendo la ciudad de Antioquía (969), así como las islas de Creta (961) y Chipre (965). El gran enemigo occidental del Imperio durante esta etapa fue el estado búlgaro. Convertido al cristianismo a mediados del siglo IX, Bulgaria alcanzó su apogeo en tiempos del zar Simeón (893-927), educado en Constantinopla. Desde 896 el Imperio estuvo obligado a pagar un tributo a Bulgaria, y, en 913, Simeón estuvo a punto de atacar la capital. A la muerte de este monarca, en 927, su reino comprendía buena parte de Macedonia y de Tracia, junto con Serbia y Albania. El poder de Bulgaria fue sin embargo declinando durante el siglo X, y, a principios del siglo siguiente, Basilio II (976-1025), llamado Bulgaróctonos ("matador de búlgaros") invadió Bulgaria y la anexionó al Imperio, dividiéndola en cuatro temas. Uno de los hechos más decisivos, y de efectos más duraderos, de esta época fue la incorporación de los pueblos eslavos a la órbita cultural y religiosa de Bizancio. En la segunda mitad del siglo IX, los monjes de Tesalónica Metodio y Cirilo fueron enviados a evangelizar Moravia a petición de su monarca, Ratislao. Para llevar a cabo su tarea crearon, partiendo del dialecto eslavo hablado en Tesalónica, una lengua literaria, el antiguo eslavo eclesiástico o litúrgico, así como un nuevo alfabeto para ponerla por escrito, el alfabeto glagolítico (luego sustituido por el alfabeto cirílico). Aunque la misión en Moravia fracasó, a mediados del siglo X se produjo la conversión del principado de Kiev, quedando así bajo la influencia de Bizancio un estado de extensión mucho mayor que el propio Imperio. Las relaciones con Occidente fueron tensas desde la coronación de Carlomagno (800) y las pretensiones de sus sucesores al título de emperadores romanos y al dominio sobre Italia. Durante toda esta etapa, a pesar de la pérdida de Sicilia, el Imperio siguió teniendo una enorme influencia en el sur de la península itálica. Las tensiones con Otón I, quien pretendía expulsar a los bizantinos de Italia, se resolvieron mediante el matrimonio de la princesa bizantina Teófano, sobrina del emperador bizantino Juan Tzimiscés, con Otón II.

La política religiosa

Tras la resolución del conflicto iconoclasta, se restauró la unidad religiosa del Imperio. No obstante, hubo de hacerse frente a la herejía de los paulicianos, que en el siglo IX llegó a tener una gran difusión en Asia Menor, así como a su rebrote en Bulgaria, la doctrina bogomilita. Durante esta época fueron evangelizados los búlgaros. Esta expansión del cristianismo oriental provocó los recelos de Roma, y a mediados del siglo IX estalló una grave crisis entre el patriarca de Constantinopla, Focio y el papa Nicolás I, quienes se excomulgaron mutuamente, produciéndose una primera separación de las iglesias oriental y occidental que se conoce como Cisma de Focio. Además de la rivalidad por la primacía entre las sedes de Roma y Constantinopla, existían algunos desacuerdos doctrinales. El Cisma de Focio fue, sin embargo, breve, y hacia 877 las relaciones entre Oriente y Occidente volvieron a la normalidad.

El declive del Imperio (1056-1261)

Cisma de Focio Tras el período de esplendor que supuso el renacimiento macedónico, en la segunda mitad del siglo XI comenzó un período de crisis, marcado por la creciente feudalización del Imperio y su debilidad ante la aparición de dos poderosos nuevos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinos cristianos de Europa Occidental. En la frontera oriental, los turcos selyúcidas, que hasta el momento habían centrado su interés en derrotar al Egipto fatimí, empezaron a hacer incursiones en Asia Menor, de donde procedía la mayor parte de los soldados del Imperio. Con la inesperada derrota en la batalla de Manzikert (1071) del emperador Romano IV Diógenes a manos de Alp Arslan, sultán de los turcos selyúcidas, terminó la hegemonía bizantina en Asia Menor. Los intentos posteriores de los emperadores Commenos por reconquistar los territorios perdidos se revelarán siempre infructuosos. Más aún, un siglo después, Manuel I Comneno sufriría otra humillante derrota frente a los selyúcidas en Myriokephalon en 1176. En Occidente, los normandos expulsaron de Italia a los bizantinos en unos pocos años (entre 1060 y 1076), y conquistaron Dyrrachium, en Iliria, desde donde pretendían abrirse camino hasta Constantinopla. La muerte de Roberto Guiscardo en 1085 evitó que estos planes se llevasen a efecto. Sin embargo, pocos años después, la Primera Cruzada se convertiría en un quebradero de cabeza para el emperador Alejo I Comneno. Se discute si fue el propio emperador el que solicitó la ayuda de Occidente para combatir contra los turcos. Aunque teóricamente se habían comprometido a poner bajo la autoridad de Bizancio los territorios sometidos, los cruzados terminaron por establecer varios estados independientes en Antioquía, Edesa, Trípoli y Jerusalén. Los alemanes del Sacro Imperio Romano y los normandos de Sicilia y el sur de Italia siguieron atacando el Imperio durante el siglo XII. Las ciudades-estado y republicas italianas como Venecia y Génova, a las cuales Alejo había concedido derechos comerciales en Constantinopla, se convirtieron en los objetivos de sentimientos antioccidentales debido al resentimiento existente hacia los francos o latinos. A los venecianos en especial les importunaron sobremanera dichas manifestaciones del pueblo bizantino, teniendo en cuenta que su flota de barcos era la base de la marina bizantina. Génova Federico Barbarroja (emperador del Sacro Imperio Romano) intentó conquistar sin éxito el Imperio durante la Tercera Cruzada, pero fue la Cuarta Cruzada la que tuvo el efecto más devastador sobre el Imperio Bizantino en siglos. La intención expresa de la cruzada era conquistar Egipto y los bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino (sultán de Egipto y Siria y principal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa), decidieron mantenerse neutrales. La reticencia bizantina como excusa, la toma del control de la expedición por parte de los venecianos puesto que sus dirigentes no podían pagar el transporte de las tropas y la codicia por los tesoros de Constantinopla hicieron que los cruzados tomaran por asalto Constantinopla en 1204, dando origen al efímero Imperio Latino (1204-1261). El poder bizantino pasó a estar permanentemente debilitado. En este tiempo el Reino Serbio bajo la dinastía Nemanjic se fortaleció con el desmoronamiento de Bizancio, constituyendo el Imperio Serbio en 1346. Tres estados griegos herederos del Imperio Bizantino permanecieron fuera de la órbita del recientemente creado Imperio Latino —el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda, y el Despotado de Epiro. El primero, controlado por la Dinastía Paleólogo, reconquistó a los latinos Constantinopla en 1261 y derrotó a Epiro, revitalizando el Imperio pero prestando demasiada atención a Europa cuando la creciente penetración del los turcos en Asia Menor constituía el principal problema.

El final: el sitio turco

Si quiere más información, puede mirar Caída de Constantinopla Caída de Constantinopla Durante un tiempo el Imperio sobrevivió simplemente porque selyúcidas, mongoles y persas safavidas estaban demasiado divididos para poder atacar, pero finalmente los turcos otomanos invadieron todo lo que quedaba de las posesiones bizantinas a excepción de un número de ciudades portuarias. (Los otomanos procedían de uno de los sultanatos —núcleo originario del futuro Imperio otomano— escindidos del estado selyúcida bajo el mando de un líder llamado Osman I Gazi— que daría el nombre de la dinastia otomana u osmanlí). El Imperio apeló a Occidente en busca de ayuda, pero los diferentes estados ponían como condición la reunificación de la iglesia católica y la ortodoxa. La unidad de las iglesias fue considerada, y ocasionalmente llevada a cabo por decreto legal, pero los ciudadanos ortodoxos no aceptarían el catolicismo romano. Algunos combatientes occidentales llegaron en auxilio de Bizancio, pero muchos prefirieron dejar al Imperio sucumbir, y no hicieron nada cuando los otomanos conquistaron los territorios restantes. Constantinopla fue en un principio desestimada en pos de su conquista debido a sus poderosas defensas, pero con el advenimiento de los cañones, las murallas —que había sido impenetrables excepto para la Cuarta Cruzada durante más de 1000 años— ya no ofrecían la protección adecuada frente a los turcos Otomanos. La Caída de Constantinopla finalmente se produjo después de un sitio de dos meses llevado a cabo por Mehmet II el 29 de mayo de 1453. El último emperador Bizantino, Constantino XI Paleologo, fue visto por última vez cuando entraba en combate con las tropas de jenízaros de los sitiadores otomanos, que superaban de manera aplastante a los bizantinos. Mehmet II también conquistó Mistra en 1460 y Trebisonda en 1461.

El mundo bizantino

Demografía

Son muy pocos los datos que pueden permitirnos calcular la población del Imperio Bizantino. J. C. Russell «Late Ancient and Medieval Population» (Transactions of the American Philosophical Society, 48 (3), 1958) estima que a finales del siglo IV la población total del Imperio Romano de Oriente era de unos 25 millones, repartidos en un área de aproximadamente 1.600.000 km2. Hacia el siglo IX, sin embargo, tras la pérdida de las provincias de Siria, Egipto y Palestina y la crisis de población del siglo VI, habitarían el Imperio alrededor de 13 millones de personas en un territorio de 745.000 km2. Hacia el siglo XIII, con las importantes mermas territoriales sufridas por el Imperio, no es probable que el basileus rigiese los destinos de más de 4.000.000 de personas. Desde entonces el territorio del imperio -y, por ende, su población- fue decreciendo rápidamente hasta la caída de Constantinopla en 1453. Las mayores concentraciones de población estuvieron siempre en la parte asiática del Imperio, especialmente en el litoral egeo de Asia Menor. En cuanto a las ciudades, el crecimiento de Constantinopla fue espectacular en los siglo IV y V. Mientras que la capital de Occidente, Roma, había declinado considerablemente desde los tiempos de Augusto, en que llegó a tener cerca del millón de habitantes, hasta el siglo V, con sólo unos 100.000, Constantinopla, que en el momento de su fundación contaba escasamente con 30.000 habitantes, llegó en época de Justiniano a los 400.000. Pero Constantinopla no era la única gran ciudad del Imperio. La población de Alejandría en esa misma época se ha estimado en torno a los 300.000 habitantes, algo mayor que Antioquía (unos 250.000), seguida de otras ciudades como Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Trebisonda, Edesa, Nicea, Tesalónica, Tebas y Atenas. El siglo VI supuso un importante retroceso de la urbanización debido tanto a las guerras como a una desdichada sucesión de epidemias y catástrofes naturales. En el siglo siguiente, tras la pérdida de Siria, Palestina, Egipto y Cartago, sólo quedaron dos grandes ciudades en el Imperio: la capital y Tesalónica. Parece que la población de Constantinopla decreció considerablemente durante los siglos VII y VII (a causa, entre otras razones, de la peste) y sólo comenzó a recuperarse a mediados del siglo VIII. Se estima que su población sería de 300.000 habitantes durante el renacimiento macedónico, y de no menos de 500.000 bajo la dinastía Commena. En los últimos tiempos del Imperio las ciudades sufrieron un pronunciado declive. Se estima que en el momento de su conquista por los turcos la población de la capital estaba en torno a los 50.000 habitantes, y la de la segunda ciudad del Imperio, Tesalónica, alredededor de los 30.000.

Economía

Como en el resto del mundo en la Edad Media, la principal actividad económica era la agricultura. Esta estaba organizada en latifundios, en manos de la nobleza o el clero. La principal industria era la textil, basada en talleres de seda estatales, que empleaban a grandes cantidades de operarios. Hay que destacar especialmente la gran importancia del comercio, dado que por su posición en Oriente controlaba el paso de productos de lujo como seda, oro, especias... era pues el primer eslabón de la Ruta de la Seda. Era especialmente importante la posición de la capital, que controlaba el paso de Europa a Asia, y al dominar el Estrecho del Bósforo, los intercambios entre el Mediterráneo (desde donde se accedía a Europa Occidental) y el Mar Negro (que enlazaba con el Norte de Europa y Rusia)

Organización política y administrativa

El jefe supremo del Imperio Bizantino era el emperador (basileus), que dirigía el ejército y la administración. En teoría era un título hereditario pero las numerosas conspiraciones y usurpaciones dieron lugar periódicamente a nuevas dinastías. El emperador estaba especialmente relacionado con la Iglesia, que se convirtió en un factor estabilizador, y especialmente con el Patriarca de Constantinopla, que era elegido por el emperador y que coronaba a éste. Una de las principales bazas del emperador era su control sobre una eficaz administración, que se regía por el Corpus Iuris Civilis, recopilado en época de Justiniano. La organización territorial se basaba, desde el siglo VII, en los thémata ("temas"), provincias al mando de un strategos o general.

El ejército

Ver artículo principal: Ejército bizantino El ejército bizantino fue durante siglos el más poderoso de Europa. Heredero del ejército romano, en los siglos III y IV fue sustancialmente reformado, desarrollando sobre todo la caballería pesada (catrafacta), de origen sármata. La armada bizantina tuvo un papel preponderante en la hegemonía del Imperio, gracias a sus ágiles embarcaciones, llamadas dromos y al uso de armas secretas como el fuego griego. La superioridad naval de Bizancio le proporcionó el dominio del Mediterráneo oriental hasta el siglo XI, cuando empezó a ser sustituida por el incipiente poder de algunas ciudades-estado italianas, especialmente Venecia. En un primer momento existían dos tipos de tropas: los limitanei (guarniciones de frontera) y los comitatenses. A partir del siglo VII el Imperio fue organizado en themata, circunscripciones tanto administrativas como militares dirigidas por un strategos, cuya existencia mejoró sustancialmente la capacidad defensiva de Bizancio frente a sus numerosos enemigos exteriores. En la defensa de Bizancio jugó un importante papel la hábil diplomacia de sus emperadores. Los pagos de tributos mantuvieron mucho tiempo alejados a los enemigos del Imperio, y su servicio de espionaje logró salvar situaciones que parecían desesperadas. Una de las debilidades del ejército bizantino, que fue acentuándose con el tiempo, fue la necesidad de recurrir a tropas mercenarias, de fidelidad dudosa. Entre los cuerpos mercenarios más conocidos está la famosa guardia varega. La crisis más terrible que los mercenarios causaron en el Imperio fue seguramente la revuelta de los almogávares, en el siglo XIV. El arte de la estrategia alcanzó un gran auge en época bizantina, e incluso varios emperadores, como es el caso de Mauricio escribieron tratados sobre el arte militar. Estas doctrinas ensalzaban el sigilo, la sorpresa y el liderazgo de los comandantes.

Religión

Uno de los rasgos más característicos de la civilización bizantina es la importancia de la religión y del estamento eclesiástico en su ideología oficial. Como ejemplo de los cual, se puede nombrar la interdependenciad el emperador y del Patriarca de Constantinopla. Iglesia y Estado se identificaron progresivamente, hasta el punto de que el apego a la verdadera fe (la "ortodoxia") fue un importante factor de cohesión política y social en el Imperio Bizantino, lo que no impidó que surgieran numerosas corrientes heréticas. El cristianismo primitivo tuvo un desarrollo mucho más rápido en Oriente que en Occidente. Es muy significativo el hecho de que el Concilio de Calcedonia reconociera en 451 cinco grandes patriarcados, de los cuales sólo uno (Roma) era occidental; los otros cuatro (Constantinopla, Jerusalén, Alejandría y Antioquía) pertenecían al Imperio de Oriente. De todos ellos, el principal fue el Patriarcado de Constantinopla, cuya sede estaba en la capital del Imperio. Las otras tres sedes fueron separándose paulatinamente de Constantinopla, primero a causa de la herejía monofisita, duramente perseguida por varios emperadores; luego, con motivo de la invasión del Islam en el siglo VII, las sedes de Alejandría, Antioquía y Jerusalén quedaron definitivamente bajo dominio musulmán. Durante el siglo VII, hubo algunos intentos de la Iglesia Ortodoxa por atraerse a los monofisitas, mediante posturas religiosas intermedias, como el monotelismo, defendido por Heraclio y por su nieto Constante II. Sin embargo, en los años 680 y 681, en el tercer Concilio de Constantinopla se retornó definitivamente a la ortodoxia. La Iglesia Ortodoxa sufrió otra crisis importante con el movimiento iconoclasta, primero entre los años 730 y 787, y luego entre 815 y 843. Se enfrentaron dos grupos religiosos: los iconoclastas, partidarios de la prohibición del culto a las imágenes o iconos, y los iconódulos, que defendían esta práctica. Los iconos fueron prohibidos por León III comenzando así las más agrias disputas. Esto no se resolvió hasta que la emperatriz Irene convocó el Segundo Concilio de Nicea en 787 que reafirmó los iconos. Esta emperatriz consideró una alianza con Carlomagno que hubiera unido ambas mitades de la cristiandad, pero que fue desestimada. El movimiento iconoclasta resurgió en el siglo IX, siendo derrotado definitivamente en 843. Todos estos conflictos internos no ayudaron a resolver el cisma que se estaba produciendo entre occidente y oriente. En el siglo IX destaca la figura del patriarca Focio, que por primera vez rechazó el primado de Roma, abriendo una historia de desencuentros que culminaría en 1054, con el llamado Cisma de Oriente. Focio se esforzó también en equiparar el poder del patriarca al del emperador, postulando una especie de diarquía o gobierno compartido. La ruptura definitiva con Roma se consumó en 1054, con motivo de una disputa sobre el texto del Credo, en el que los teólogos latinos habían incluido la fórmula filioque , significando así, en contra de la tradición de las iglesias orientales, que el Espíritu Santo procedía no sólo del Padre, sino también del Hijo. Existía también desacuerdo en otros muchos temas menores, y subyacía, sobre todo, el enfrentamiento por la primacía entre las dos antiguas capitales del Imperio. El cisma contribuyó, sin embargo, a la transformación de la Iglesia Ortodoxa en una iglesia nacional. Esto se reforzó más aún con la humillación sufrida en 1204 por la invasión de los cruzados y el traslado temporal de la sede patriarcal a Nicea. Durante el siglo XIV se desarrolló una importante corriente religiosa, conocida como hesicasmo (del griego hesychía, que puede traducirse como "quietud" o "tranquilidad"). El hesicasmo defendía el recogimiento interior, el silencio y la contemplación como medios de acercamiento a Dios, y se difundió sobre todo por las comunidades monásticas. Su máximo representante fue Gregorio Palamas, monje de Athos que llegaría a ser arzobispo de Tesalónica. Desde finales del siglo XIII hubo varios intentos de volver a la unidad religiosa con Roma: en 1274, en 1369 y en 1438, para conseguir la ayuda occidental frente a los turcos. Sin embargo, ninguno de estos intentos llegó a prosperar.

Cultura y Arte

Lengua y literatura

En los orígenes del Imperio Bizantino existió una situación de diglosia entre el latín y el griego. El primero era la lengua de la administración estatal, en tanto que el griego era la lengua hablada y el principal vehículo de expresión literaria. La Iglesia y la educación utilizaban también el griego. A esto debe añadirse que algunas regiones del Imperio empleaban otras lenguas, como el arameo y su variante el siríaco en Siria y Palestina, y el copto en Egipto. Con el tiempo, el latín fue definitivamente desplazado por el griego, que se convirtió también en la lengua de la administración imperial. Es significativo que ya en época de Heraclio el título de Augustus, en latín, haya sido sustituido por el de basiléus, en griego. El latín, sin embargo, continuó apareciendo en inscripciones y en monedas hasta el siglo XI. La invasión del Islam y la pérdida de las provincias orientales propiciaron una mayor helenización del Imperio. El griego hablado en el Imperio era el resultado de la evolución del griego helenístico, y suele denominarse griego medieval o griego bizantino. Existían grandes diferencias entre el lenguaje literario, deliberadamente arcaico, y el lenguaje hablado, la koiné popular, muy rara vez utilizada en la literatura.

Arquitectura

Para más información ver el artículo principal Arquitectura bizantina La arquitectura bizantina es heredera de la arquitectura romana y paleocristiana. Es una arquitectura esencialmente religiosa, aunque no faltaron los edificios civiles de importancia. Muestra una marcada predilección por el ladrillo como material de construcción (aunque disimulado por lajas de piedra en el exterior y por suntuosos mosaicos en el interior). Aunque utiliza la columna (destaca la sustitución del ábaco por el cimacio), su innovación más característica es el uso sistemático de la cubierta abovedada. Los tipos de bóveda más utilizados son la de cañón y la de arista, pero destaca sobre todo la cúpula, con su característica base sobre pechinas (aunque también se empleó ocasionalmente la cúpula sobre trompas). En cuanto a la planta, la más frecuente en los templos es la de cruz griega, con una cúpula en la intersección de las naves. Es frecuente que los templos, además del cuerpo de nave principal, posean un atrio o narthex, de origen paleocristiano, y el presbiterio precedido de iconostasio, llamada así porque sobre este cerramiento calado se colocaban los iconos pintados. En la historia del arte y la arquitectura bizantinos suelen distinguirse tres períodos o "Edades de Oro". La Primera Edad de Oro tiene su momento más representativo en la época de Justiniano, y sus edificios más destacados son la iglesia de los Santos Sergio y Baco, la iglesia de Santa Irene y, sobre todo, la iglesia de Santa Sofía, todas ellas en Constantinopla. La Segunda Edad de Oro coincide con el renacimiento macedónico (siglos IX, X y XI). Sigue siendo la iglesia de planta central cubierta con cúpula el modelo fundamental. Son frecuentes las iglesias de planta de cruz griega inscrita en un cuadrado, con los brazos de la cruz cubiertos con bóvedas de cañón, y cinco cúpulas, una en el centro y otras cuatro en los ángulos. El prototipo era la Nueva Iglesia (Nea) construida por Basilio I, hoy desaparecida. Algunas iglesias destacadas son la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla, Santa Catalina de Salónica, la catedral de Atenas y la basílica de San Marcos de Venecia. La Tercera Edad de Oro comienza tras la recuperación de Constantinopla en 1261. Es una época de difusión de las formas bizantinas, tanto hacia el Norte (Rusia) como hacia Occidente. Las novedades de este período son más bien decorativas que estructurales. Destacan iglesias como Santa María Pammakaristos en Constantinopla, las iglesias del monte Athos o el conjunto de iglesias de Mistra.

Escultura

Para más información ver el artículo principal Escultura bizantina El estilo bizantino quedó definido a partir del siglo VI. Anteriormente dominaba el estilo romano tardío, aun en la misma Constantinopla según lo evidencian diversas estatuas erigidas por toda la ciudad. No obstante, otros monumentos de la época iniciaban ya el gusto bizantino, como Disco de Teodosio de Madrid que ostenta en bajorrelieve las figuras del emperador y su corte (393). El estilo bizantino en escultura debe considerarse como una derivación del romano, bajo la influencia asiática. Le caracterizan, en general, cierto amaneramiento, uniformidad y rigidez o falta de naturalidad en las figuras junto con la gravedad la cual suele consistir en esmaltes, en imitaciones de piedras y sartas de perlas, en trazos geométricos y en follaje estilizado o desprovisto de naturalidad. Cultivó el arte bizantino muy poco el bulto redondo pero abundó en relieves sobre marfil, plata y bronce y no abandonó del todo el uso de camafeos y entalles en piedras finas. En los relieves, como en las pinturas y mosaicos se presentan las figuras mirando de frente.

Mosaicos

De la cultura romana bizancio heredó la decoración mediante mosaicos que llegaron a su máximo esplendor con este imperio.

Pintura

Son particularmente destacables los retablos de temática religiosa conocidos como íconos

Música

Para más información, mírese Música bizantina La música bizantina, de caracter normalmente religioso estaba fuertemente emparentada con el canto gregoriano.

Legado

El Imperio Bizantino fue un imperio multicultural, que nació como cristiano y heredero de la tradición romana, comprendiendo la zona de Oriente y que desapareció en 1453 como un reino Ortodoxo y helenizado. El escritor británico Robert Byron lo describió como el resultado de una triple fusión: un cuerpo romano, una mente griega y un alma oriental. Bizancio fue la única potencia estable en la Edad Media. Su influencia sirvió de factor estabilizador en Europa, sirviendo de barrera contra la presión de las conquistas de los ejércitos musulmanes y actuando como un enlace hacia el pasado clásico y su antigua legitimidad. La caída del imperio fue traumática, tanto que durante mucho tiempo se consideró 1453 como la división entre la Edad Media y la Edad Moderna. El conquistador otomano, Mehmet II y sus sucesores, se consideraron a sí mismos herederos legítimos de los emperadores bizantinos hasta el derrumbamiento del Imperio Otomano a principios del siglo XX. Hacia finales del siglo XV, el Imperio Otomano había establecido su firme gobierno sobre Asia Menor y la mayor parte de la Península Balcánica. Mientras tanto, el papel del emperador bizantino como cabeza de la ortodoxia oriental fue reclamado a ahora por los Grandes Duques de Moscú empezando con Iván III. Su nieto Iván IV se convertiría en el primer zar de Rusia (el titulo de zar proviene del latín caesar, "césar"). Sus sucesores apoyaron la idea que Moscú era la heredera legítima de Roma y Constantinopla, la Tercera Roma —una idea mantenida por el Imperio ruso, hasta su propio fin a principios del siglo X. Desde el punto de vista comercial, Bizancio era el punto de partida de la Ruta de la Seda, el eje económico que unía Europa con Oriente, importando materias de lujo como seda y especias. La interrupción de esta ruta con motivo de la desaparición del Imperio Bizantino provocó la búsqueda de nuevas rutas comerciales, llegando españoles y portugueses a América y África en busca de rutas alternativas. Los portugueses, que acabaron la reconquista antes y dispusieron de los r

Imperio


Un imperio ( < latín imperium, «dominio») es una organización política que extiende su dominio a otros países, así como el conjunto de los territorios que este estado rige. Por extensión, "imperio" puede referirse también a la etapa histórica donde un país tomó esta política o bien a la potencia que ejerce una fuerte influencia política, económica y cultural.

El imperio y Roma

El imperio es, según la opinión dominante de los historiadores, la tercer etapa histórica de Roma, que inicia a partir del gobierno de Augusto en el 27 adeC y que concluye hasta el 320 dC en que Constantinopla se proclama capital del Imperio Romano de Oriente. La historia de Roma, como se anunció se divide en tres etapas, la de los reyes, la de la república y la del imperio, siendo la segunda etapa la de las grandes conquistas y la tercera, la de la administración y romanización de los territorios conquistados durante le república.

El imperio romano

Este abarca, en el año 27 adeC desde....

Los emperadores romanos

Generalmente se tiene como modelo del Imperio político al antiguo Imperio Romano que fue uno de los más importantes de la antigüedad. El cargo supremo del Imperio Romano era el emperador (imperatore), que se aplicaba a un monarca que accedía al cargo por elección, no por derecho de sangre como el rey.

El imperialismo romano

Los romanos como lo dice R. Syme respecto a la romanización :”Romanización - término ampliamente utilizado en manuales y tratados - implica la ejecución de una política deliberada. Pero esto es malinterpretar la experiencia de Roma, sea la republicana o la imperial. El gobierno (romano) promovió la vida ciudadana, sin duda, convirtiendo tribus en ciudades, principalmente para facilitar la administración. Pero no estaba en absoluto interesado en imponer el uso del latín en todas partes”. De hecho en el Digesto, en una ley recogida por Ulpiano a propósito de las cargas que se imponen sobre las garantías de un testamento fideicomisos dice: “fideicomissa quocumque sermone relinqui possunt, non solum latina vel graeca, sed etiam punica, vel gallicana, vel alterius cuiuscumque gentis” (“los fideicomissa se pueden dejar escritos en cualquier lengua, no sólo latina o griega, sino púnica o gálica, o en cualquier otra de otras gentes”). Lo que demuestra que el latín no era una lengua impuesta u obligatoria; y, además como lo dice en el plano administrativo el gran historiador alemán Mommsen refiriéndose al gobierno del emperador Antonino Severo “Si a un ángel de Dios se le ocurriera comparar el territorio gobernador por Antonio Severo tal como era entonces y tal como es ahora, y decidir cual de los dos períodos fue gobernado con más inteligencia y humanidad, y si, en general han mejorado o empeorado la moral y el grado de felicidad desde aquellos días, es muy dudoso que el juicio fuera favorable para la actualidad” En suma el imperialismo romano fue la gestión de un gobierno de leyes y de tolerancia para los pueblos sometidos durante la república romana, este período se tradujo en la influencia del latín como lengua central de imperio lo que creó los romances, pero en realidad Roma no pretendió imponerlo, también el imperio significó el acceso de los pueblos romanizados al derecho romano a la arquitectura, a la escultura, a la filosofía, a la historia y a todos los grandes movimientos que tuvieron a Roma como epicentro, tal es el caso del cristianismo y del gnosticismo hasta que Roma dejó de ser el centro de la actividad económica y cultural de Europa, sin embargo, a pesar de que Roma pierde su importancia como centro político, sigue teniendo vigencia el imperialismo romano como visión cultural unificadora de Europa, véase la tésis de Henri Pirenne

El imperialismo, según los sometidos

El imperio fuera de las fronteras de Roma fue en general apreciado por los pueblos que se sometieron a él, a fin de cuentas era más fácil para Roma administrar una ciudad que una aldea y mejor si estaba en la proximidad del Mediterráneo, en la desembocadura de un río, en las inmediaciones de una mina de metales, a la vera de una gran vía, al alcance de un acueducto, es decir en regiones donde existían condiciones ideales para el desarrollo económico, tal fue el caso de lo que ahora es España, Francia, Rumanía y por el contrario, aquellas regiones que carecían de este atractivo se vieron alejadas del desarrollo imperial como lo fue Inglaterra, alemania, Suecia. El historiador Tácito en su Agrícola, poniéndolo en boca de un cabecilla britano, dice : "Robar, masacrar, violar, a esto ellos, con falso nombre, lo llaman imperio; y allí donde han hecho el desierto, dicen que han llevado la paz". Durante la guerra contra Constantinopla, los guerreros musulmanes llamaban al ejército cristiano con el nombre de “los imperiales

El imperialismo según Lenin

Fue hasta el siglo XX en que realmente el término imperialismo adquirió la connotación peyorativa que actualmente tiene, la cual es obra del político y revolucionario Vladímir Ilich Uliánov, mejor conocido como Lenin , quien lo logró gracias a su libro “El imperialismo: la fase superior del capitalismo” , baste el siguiente párrafo del prologo para conocer su opinión: “En esta obra hemos probado que la guerra de 1914-1918 ha sido, de ambos lados beligerantes, una guerra imperialista (esto es, una guerra de conquista, de bandidaje y de robo), una guerra por el reparto del mundo, por la partición y el nuevo reparto de las colonias, de las "esferas de influencia" del capital financiero, etc.”

Imperio e imperialismo actual

Actualmente se entiende como imperio no sólo un Estado que abarca varias naciones étnicas, sino a todo Estado que influye sobre la soberanía de otros Estados, no solo aprovechándose de ellos, en el sentido del colonialismo inglés, francés, holandés, etc., sino conformándolos según su propia imagen. Así, podrían interpretarse Estados Unidos y la extinta Unión Soviética como imperios, a pesar de no conquistar territorios.

Imperios más importantes de la historia (hasta 1949)

Imperios globales

Se entiende por imperio global a aquel imperio que ha llegado, en su apogeo, a abarcar significativos territorios en todos los continentes del mundo. Sólo han existido dos imperios globales:
- Imperio Español (1492 - 1898): Abarcó, durante su mayor extensión, las tres cuartas partes de América (incluyendo parte de Alaska, la gran mayoría de las islas del Mar Caribe y, al unirse con Portugal, todo el Brasil); una significativa parte de Europa (incluyendo Flandes (actual Holanda), Italia, el Franco Condado, Alemania, Inglaterra (entre 1555 y 1558) y, por supuesto, España); el norte de África; Jerusalén, las Filipinas y parte de la actual Indonesia en Asia; así como numerosas islas de Oceanía.
- Imperio Británico (1605 - 1945): Abarcó, durante su máxima extensión, Canadá, la costa este de Estados Unidos y algunas islas caribeñas (como Jamaica) en América; ambas Islas Británicas y Gibraltar en Europa; Egipto (hasta 1808), Sudán, Ruanda-Urundi y la Unión Sudafricana en África; el Medio Oriente, la India, Sri Lanka (Ceilán), Malasia, Singapur y Hong Kong en Asia y Australia, Nueva Zelanda y numerosas islas polinéscas en Oceanía.

Imperios intercontinentales

Se entiendo por imperio intercontinental a aquél que ocupa un territorio significativo (cuantitativa o estratégicamente) en más de un continente. Hay un buen número de ellos (en orden cronológico):
- Imperio Romano (753 adC - 476), en Europa, Asia y África.
- Imperio de Alejandro el Grande (350 adC - 323 adC) , en Europa y Asia.
- Imperio Bizantino (476 - 1453), en Europa, Asia y África.
- Imperio Musulmán o Islámico (632 - 1492), en África, Asia y Europa.
- Imperio Mongol (1190 - 1375), en Asia y Europa (Rusia europea, Ucrania, Polonia, Besarabia y el este de Hungría).
- Imperio Otomano (1280 - 1918), en Asia, África y Europa (los Balcanes y el "Imperio Griego").
- Imperio Ruso (1375 - 1917), en Europa, Asia y América (territorio de Alaska, hasta 1867, en que fue vendido a los Estados Unidos).
- Imperio Portugués (1500 - 1822), en Europa, África (Angola, Cabo Verde y Mozambique)y Asia (parte de Indonesia y Macao).
- Imperio Francés (1625 - 1940), en Europa (entre 1808 y 1820 llegó a ocupar la mayor parte de este continente, limitando con Rusia), América (al norte de la desembocadura del río San Lorenzo, en el Canadá, que ahora es de habla francesa), África (Egipto (desde 1808), Sudán, África Occidental), la Indochina en el Asia y algunas islas en Oceanía.
- Imperio Holandés (1648 - 1945), en Europa, África (ciertas regiones donde ahora se habla suajili), Asia (Indonesia), y algunas otras regiones (Suriname en América y algunas islas en Oceanía, éstas últimas posteriormente cedidas al Imperio Británico).
- II Imperio Alemán o II Reich (1871 - 1918), en Europa (actuales Alemania, este de Francia, Polonia, República Checa y Eslovaquia) y Asia (diversos puntos estratégicos de la costa de China, como Heilung).
- III Imperio Alemán (Grossdeutschland) o III Reich (1933 - 1945), en Europa (actuales Alemania, Austria, República Checa, Eslovaquia, Polonia, media Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Bielorrusia, Ucrania, Hungría, Rumania, Eslovenia y Croacia) y África (norte del continente).

Imperios continentales

Se entiende por imperio continental a aquél cuyos dominios se encuentran sólo en un continente, sin dejar por eso de tener importancia o trascendencia histórica. Entre éstos tenemos:
- Imperio Chino (c. 5000 adC - 1949), en Asia.
- Imperio Japonés (Imperio del Sol Naciente) (600 adC - 1945†) en Asia (archipiélago del Japón y, durante ciertas épocas, Corea, este de China, Filipinas e Indochina).
- Imperio Asirio (c. 600 adC - 550 adC), en Asia.
- Imperio Persa (c. 430 adC - 350 adC), en Asia.
- Sacro Imperio Romano Germánico o I Reich (962 - 1806), en Europa (actuales Alemania, media Francia, Italia, Suiza, Polonia, Dinamarca, Luxemburgo, Liechtenstein, Austria, República Checa y Eslovaquia).
- Imperio Inca (c. 1250 - 1532), en América (actuales Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina).
- Imperio Azteca (c. 1475 - 1521), en América (actual México).
- Imperio Mexicano (Imperio de Iturbide) (1821 - 1836), en América (actuales California, Nevada, Nuevo México, Colorado, Oklahoma, Texas, México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica).
- Imperio Mali (fines del siglo XVI - principios del siglo XIX), en África.
- Imperio Austrohúngaro (1867 - 1918), en Europa (actuales Austria, Hungría, Yugoslavia, Eslovenia, Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Suiza, Rumania y Bulgaria).
- Imperio italiano (1912 - 1945), en Europa trieste, en África, Libia (1912), Somalia, Etiopía (1936) y Eritrea).
† El Imperio Japonés sigue existiendo hasta la actualidad; sin embargo, sus estrategias de relaciones internacionales (en lo referente a política y expansión militar) son ahora muy diferentes de lo que fueron hasta 1945.

Imperios actuales (desde 1949)

A partir del año 1949, cuando lo que fuera el Celeste Imperio se convirtió en la actual República Popular China debido a la nefasta Revolución Cultural de Mao Tse Tung, podemos decir que ingresamos a otra época de imperios muy distinta de la anterior. En esta nueva época donde la palabra imperio, que ahora estorbaba debido a su significado tradicional, pasa a ser reemplazada por palabras políticamente más correctas como "seguridad nacional" o "posicionamiento de bloque", surgen los imperialismos (palabra que a pesar del parecido muy poco tiene que ver con lo que representa la palabra imperio), que representan la suma de todas las agresiones al Derecho Internacional, derecho irónicamente creado por estas mismas potencias imperialistas y condensado en la creación de las Naciones Unidas. Actualmente, el único imperio que oficialmente se llama tal es el Imperio Japonés, que existe hasta la actualidad. Sin embargo, debido al drástico cambio de la política exterior japonesa desde el final de la II Guerra Mundial, es la única unidad política actual que podría llevar con toda propiedad el título de imperio, ya que su política internacional le impide llevar a cabo un expansionismo con rasgos imperialistas.

Estados Unidos de América (1945 - actualidad)

El "imperio" de los Estados Unidos de América, una de las dos principales potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, se resume en:
- Instalación progresiva de sus fuerzas armadas en casi todos los países de la Tierra (mediante bases y comandos). Esta política exterior empezó con la división y ocupación de Alemania en 1945 y está vigente hasta la actualidad.
- Decisiva intervención política y militar en los principales conflictos a nivel mundial desde 1945, como por ejemplo:
  - Guerra de Corea (Asia, 1953), donde por "errores tácticos" (llamados así por la prensa oficial) perdió Corea del Norte y sólo logró conservar Corea del Sur.
  - Guerra de los Seis Días (África y Asia, 1967), en el que, a pesar de las conversaciones con los países de la República Árabe Unida, apoyó secretamente a Israel (sólo con cierta información clasificada), logrando que éste atacara directamente puntos muy vulnerables de los árabes y los venciera en sólo seis días.
  - Guerra de Viet Nam (Asia, 1968 - 1975), donde perdió bochornosamente, a pesar de su enorme superioridad bélica, también por "errores" (también llamados así por la prensa oficial).
  - Guerra Fría (Europa, África y Asia, años 1980), enorme guerra de argumentos y de ideologías, donde gracias a la excelente maniobra de la administración Reagan se logró la caída del oponente, la Unión Soviética, en 1990.
  - Guerra de las Malvinas (América, 1982), donde traicionó (no hay otra palabra) el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) apoyando decisivamente a Gran Bretaña contra Argentina, facilitando la derrota de ésta.
  - Guerra del Golfo Pérsico (Asia, 1990 - 1991), donde intervino decisivamente a favor de Kuwait contra la ocupación iraquí de Saddam Hussein. Kuwait fue liberado, aunque a un alto precio a pagar por parte de Estados Unidos.
  - Conflicto contra Somalia (África, 1993), donde perdió bochornosamente, a pesar de su superioridad bélica, mellando principalmente la moral del ejército estadounidense en esa zona. El ejército de Estados Unidos tuvo que evacuar Mogadiscio, la capital de Somalia.
  - Invasión a Afganistán (2001 - 2003), debido al apoyo que prestaba el régimen de los talibanes (gobernante en el Afganistán de ese entonces) al grupo fundamentalista Al Qaeda, ejecutor de los atentados del 11 de septiembre contra el Pentágono y las Torres Gemelas. El país entero fue asolado, toda vez que no contaba sino con la mínima capacidad bélica. Al final de la invasión, se derrocó a los talibanes y se colocó mediante elecciones un presidente. Actualmente, Estados Unidos sigue ocupando Afganistán.
  - Guerra contra Iraq (2003 - actualidad), donde debido a información proveniente de fuentes dudosas de la posesión iraquí de armas químicas y armas biológicas (caso del ántrax o carbunco, que desató pánico en Estados Unidos a mediados del año 2002), invadió Iraq desde sus bases en el Medio Oriente (como las que hay en Israel), derrocando al régimen de Saddam Hussein (uno de los cabecillas del denominado "Eje del Mal", por George W. Bush) y colocando en su lugar a un presidente electo. Actualmente, aún no han sido derrotados todos los focos de resistencia iraquí.

Unión Soviética (1945 - 1990)

China (1949 - actualidad)

Unión Europea (1950 - actualidad)

Imperio Japonés (1945 - actualidad)

Imperio e Imperialismo

Categoría:Imperialismo Categoría:Formas de estado ja:帝国

Cristianismo

El Cristianismo es una religión monoteísta que reconoce a Jesucristo como su fundador y figura central. Con más de 2.100 millones de adherentes, o cerca de un tercio de la población mundial, es considerada la mayor religión del mundo. Comparte con el Judaísmo el Tanaj, llamado Antiguo Testamento por sus fieles. Por este motivo es a veces llamada religión Abrahamánica junto al Judaísmo y al Islam. Los nombres "cristiano" y por consiguiente la palabra "Cristianismo" (Gr. χριστιανους, de Cristo Gr. Χριστός, que significa "el ungido") se ven por primera vez en Hechos 11:26, <> (NVI) . El Cristianismo engloba numerosas tradiciones religiosas que varían de acuerdo a la cultura y el lugar, así como muchas y diversas creencias y sectas. Desde la Reforma, el Cristianismo se representa normalmente como dividido en tres ramas principales: #Catolicismo: Con más de mil millones de miembros bautizados, esta categoría incluyen la Iglesia Católica (o Iglesia Romana Católica), el cual incluye varias comunidades Católicas Orientales, así como algunas comunidades pequeñas (por ejemplo, la Vieja Iglesia Católica) que no están en total comunión con la Iglesia Católica Romana, muchas de las cuales rechazan la suprema autoridad del Papa, mantienen que el papado está vacante, o reconocen a un Papa diferente. #Cristianismo Oriental incluye la Iglesia Ortodoxa Oriental, las Iglesias Orientales Ortodoxas y la Iglesia Asiria del Este, con una membresía combinada de más de 240 millones de miembros bautizados. #Protestantismo: Este grupo incluye numerosas denominaciones y escuelas de pensamientos como: Anglicanismo, Reformados, Luteranos, Metodistas, Adventistas y Pentecostalismo, los que descienden, directa o indirectamente, de la Iglesia Romana debido a la Reforma del Siglo XVI. Muchos se identifican simplemente como Cristianos. El total a través del mundo es de cerca de 500 millones de personas. Existen otras denominaciones e iglesias las cuales de identifican como cristianas pero que se alejan por su propia voluntad de la clasificación descrita anteriormente. Estas incluyen a las Iglesias Indígenas Africanas con cerca de 110 millones de miembros (las estimaciones varían significativamente), los Testigos de Jehová con aproximadamente 15 millones de miembros, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (llamados también Mormones) con más de 12 millones de miembros, y otros grupos. (Fuente:[http://www.adherents.com/adh_branches.html]) Los primeros líderes de la mayoría de estos grupos fueron originalmente adherentes protestantes. Estas amplias divisiones no son de pensamiento uniforme. Por el contrario, algunas ramas comprenden vastos desacuerdos y en otros casos la división omite simpatías existentes. Grupos con creencias restauracionistas - incluyendo las Iglesias de Cristo, algunos Anabaptistas, la Sociedad Religiosa de Amigos, y otros - se ven a si mismos como totalmente separados del Protestantismo del cual a menudo se les incluye. Las Iglesias de la Comunión Anglicana hablan de si mismos como los seguidores de la "via media," un camino entre el Catolicismo Romano y el Protestantismo y por ende, a menudo se lista separadamente. Un número de grupos mantienen que las ramas del Cristianismo presentadas anteriormente reniegan de la iglesia original instituida y fundada por Cristo como resultado de una Gran Apostasía, tomando como base que éstas denominaciones fueron creadas mucho después de la muerte de Jesús. Algunos grupos aseguran directa descendencia teológica de la iglesia original retratada en el Nuevo Testamento como los de la Iglesia de la Nueva Jerusalén, Testigos de Jehová, grupos de la Iglesia de Dios del septimo día, los Cristadelfianos, y los "Sólo Jesús" o Pentecostales "unitarios". Otros aseguran ser una completa restauración de la iglesia original directamente de Cristo como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Historia

:Artículo principal: Historia del Cristianismo :Véase también: Línea de tiempo del Cristianismo Línea de tiempo del Cristianismo La historia del Cristianismo es difícil de separar del de la Europa Occidental (y de varias otras culturas y regiones) en general. En resumen, podemos notar la expansión inicial del Cristianismo desde el Levante a través de la cuenca del Mediterráneo, su legalización bajo Constantino I el Grande y el establecimiento como religión oficial del Imperio Romano bajo Justiniano I; el desarrollo de antiguas comunidades minoritarias en Persia, India, y China; la conversión de varios reinos europeos; el Gran Cisma el que dividió el Cristianismo Ortodoxo de Oriente y el Catolicismo Romano (fechado convencionalmente en 1054); la pérdida del norte de África y el Medio Oriente a manos del Islam; la Reforma Protestante con la publicación por parte de Martín Lutero de sus 95 tesis en 1517); expansión del Cristianismo en las Américas, Oceanía, las Filipinas y Corea del Sur; la división del Protestantismo en cientos de denominaciones; y los debates modernos de la ciencia, criticismo bíblico y el feminismo. Para ver las contribuciones del Cristianismo a la humanidad y la cultura mundial, veáse en Filosofía cristiana, Arte cristiano, Literatura cristiana, Música cristiana, Arquitectura cristiana.

Creencias

Aunque existen enormes diversidades en las creencias de aquellos que se identifican como cristianos, es posible plantear afirmaciones generales los cuales describen las creencias de una gran mayoría. Uno de esos estamentos es el Credo Niceno, ratificado como el credo universal de la Cristiandad Católica y Ortodoxa por el Concilio de Éfeso en 431. Traducido desde el Griego, se lee como se indica: :Yo [o "Nosotros"] creo en un Dios, el Padre, el Todopoderoso :Creador del cielo y de la tierra :Y de todas las cosas visibles e invisibles. :Y en su único Hijo Jesucristo, nuestro Señor :engendrado [o "nacido": literalmente, "generado"] del Padre antes de los tiempos, :Dios de Dios, luz de luz, verdadero Dios de verdadero Dios, :engendrado [véase arriba], no creado :De una escencia [o "ser"] con el Padre :Por Quien todas las cosas fueron creadas. :Para nosotros humanos y para nuestra salvación El bajó del cielo :Y fue encarnado por el Espíritu Santo de la Virgen María :Y fue hecho humano. :Fue crucificado bajo orden de Poncio Pilato :Sufrió de muerte y fue enterrado. :Al tercer día se levantó nuevamente de acuerdo con las Escrituras :Ascendió al cielo :Y está sentado a la derecha del Padre. :Vendrá nuevamente en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. :Su reino no tendrá fin. :Y en el Espíritu Santo, el Señor, el dador de vida :Quien procede del Padre [La iglesia occidental añade, ..."y el Hijo"--véase Filiación] :Quien junto al Padre y al Hijo es adorado y glorificado :Quien habla a través de los profetas :Y en la santa iglesia católica y apostólica. :Yo reconozco un bautismo para la remisión de los pecados. :Yo espero la resurreción de los muertos, :Y la vida de la era que viene. Amen. Las creencias centrales del Cristianismo que se afirman en el Credo Nicénico incluyen, pero no se limitan, a:
- La Trinidad: Dios es un ser único y eterno que existe como tres personas eternas, distintas e indivisibles: Padre, Hijo (Logos divino, encarnado en la persona de Jesucristo), y el Espíritu Santo.
- Jesucristo es completamente un Dios (divino) y completamente humano: dos naturalezas en una persona. Él no tiene pecado.
- La Salvación de los "pecados y la muerte" está disponible a través de la persona y el trabajo de Jesucristo, especialmente su ejecución y resurreción. Las tres ramas principales del Cristianismo han llegado a varias explicaciones como exactamente la salvación ocurre. (Véase soteriología.)
- El nacimiento virginal, crucifixión, resurrección, ascensión, y la Segunda Venida de Jesús.
- La "Resurrección General", en la cual las personas que han vivido se levantarán de la muerte al final del tiempo, para ser juzgada por Jesucristo. Obviamente, no todos los Cristianos han aceptado todos estos escritos de fe, o si no nunca se hubiesen escrito. De hecho sus lineas frecuentemente apuntan a ciertas creencias de otros Cristianos primitivos, los cuales el credo toma como heréticos. Ejemplos pueden incluir a los grupos Ebionitas los cuales niegan la divinidad de Jesús, así como los grupos Docetistas los que niegan que Cristo haya sido humano, o los Arrianos, quienes rebaten que el Padre y el Hijo sean "un ser". Las iglesias que excluyen algunos de estos postulados, usualmente representan una divergencia consciente de la corriente principal del Cristianismo. Algunas tradiciones Cristianas, tales como los Bautistas y las Iglesias de Cristo, aceptan estas creencias, pero no el credo mismo, debido a que todos los credos son considerados en estos grupos como no pertenecientes necesariamente a las escrituras. Algunos grupos, sin embargo, se desvían de estas doctrinas mientras que otros los toman como base absoluta del Cristianismo. Es por ello que muchas de las desviaciones son consideradas heréticas o incluso "no Cristianas" por muchos grupos de la corriente principal de los grupos Cristianos. La mayoría de las disputas se centran en la divinidad de Jesús, la Trinidad, o ambos.

Escrituras

Virtualmente todas las iglesias Cristianas aceptan la autoridad de la Biblia, incluyendo el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Las diferencias existen en los cánones de las iglesias Ortodoxas, Católicas y Protestantes - principalmente, su tratamiento de los Libros Deuterocanónicos utilizados por las iglesias Católicas y Ortodoxas, pero rechazados por los Protestantes como Apócrifos. Sin embargo, aparte del canon en sí, esto sólo afecta temas doctrinales de forma indirecta. Así como los Judíos ven al Torá como la más importante parte de la Biblia, la mayoría de los Cristianos se interesan en los Evangelios, los cuales cuentan la vida y enseñanzas de Jesús como tema central. Libros ornamentales de los cuatro evangelios se utilizan a menudo en las liturgias. Estos pueden se cargadas en la iglesia en una procesión, y puesto en el altar durante la primera parte del servicio. El "evangelio" (en singular) también muestran las "buenas nuevas" (significado literal de la palabra) del mensaje Cristiano, el cual regularmente los Cristianos diseminan a los otros. Esto puede incluir trabajo misionero asi como traducción y distribución de Biblias, como se practica, por ejemplo por Gideons International. Si los Cristianos están de acuerdo en mucho del contenido de la Biblia, no existe tal concenso en su interpretación, un problema que divide a las denominaciones desde dentro así como entre ellas. El "Literalismo Bíblico" o el "Fundamentalismo Cristiano" describe las posturas hermeneuticas conservativas muy conocidas con respecto a las escrituras Cristianas, y son principalmente asociadas con el Protestantismo. Católicos, Ortodoxos y algunos Anglicanos consideran a la Biblia como una fase formativa de la tradición de la iglesia, la cual ha sido continuada mediante decisiones del concilios ecuménicos, las escrituras de los Padre de la Iglesia y declaraciones papales (Católicos Romanos). Mientras que los protestantes tienden a aceptar el dictamen de la sola scriptura de Martín Lutero, el cual ve a la Biblia como la única y final fuente de fe y doctrinas y asume que cualquier creyente Cristiano es capaz de interpretarla. Incluso los Protestantes saben que esto trae dificultades, especialmente en vista de la amplia variedad de prácticas y creencias los cuales algunos aseguran que son con autorización bíblicas. Algunos grupos Cristianos también han generado escrituras adicionales y las estiman al nivel de escritura "inspirada". Ejemplos muy conocidos incluyen el Libro de Mormón, considerado como "otro Testamento de Jesucristo" por los Mormones; o las escrituras de la fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy. Otros, como los Testigos de Jehová, han producido sus propias traducciones de la Biblia en los que se asegura que son la única traducción totalmente confiable. Esta elevación de otras escrituras al mismo nivel de las escrituras aceptadas es la mayor causa de disputas entre estos grupos y las principales corrientes Cristianas. Se podría esperar que los Luteranos y los Calvinistas considerasen las interpretaciones de Lutero y Calvino respectivamente, con similar reverencia, pero no es así; de hecho la mayoría de los teólogos Católicos y Protestantes están de acuerdo que no son de ninguna forma "inspirados".

La vida después de la muerte

Las visiones de los cristianos de la vida después de la muerte generalmente involucran el cielo y el infierno. El Catolicismo agregó un lugar intermedio llamado purgatorio. A excepción del purgatorio (cuyos habitantes entrarán finalmente al cielo, después de una "purificación"), estas regiones son usualmente asumidas como eternas. Hay, sin embargo, algunos debates en este último punto, por ejemplo entre los Ortodoxos. Muchos cristianos interpretan "salvación" como la capacidad de entrar al cielo (y escapar del infierno) después de la muerte, aunque algunos teólogos han lamentado esta tendencia. La pregunta de "quien es salvo" ha sido considerada como un oscuro misterio por muchos teólogos , aunque muchos Protestantes lo consideran como un tema de aceptación de Jesús como Señor. La creencia de que todos serán salvos se conoce como Universalismo. Generalmente no está claro como la vida después de la muerte se ajusta con la doctrina de la Resurrección General, como por ejemplo, si la vida eterna comienza inmediatamente después de la muerte, o al final del tiempo; y si esta vida después de la muerte involucrará la resurrección de un cuerpo físico o en una forma espiritual glorificada. La mayoría de los Cristianos asegurarn que un alma sin consciencia sobrevive a la muerte física del cuerpo, aunque los Testigos de Jehová, entre otros, rechazan esto diciendo que solamente los buenos serán físicamente resurrectados, mientras que los otros permanecerán en la tumba. Unas pocas denominaciones Cristianas, y muchos otros individuos, han promovido la creencia en la reencarnación (principalmente el Nuevo Pensamiento e iglesias de la Nueva Era) o fantasmas (muchas iglesias Espiritualistas que se identifican así mismas como Cristianas). Estos grupos típicamente enseñan que tales doctrinas se pueden entontrar en la Biblia y/o en la tradición Cristiana primitiva.

El fín del mundo

:Véase también: Escatología Cristiana, Sumario de diferencias escatológicas Cristianas El Credo Niceo afirma que este mundo algún día llegará a su fin, donde Cristo regresará (véase Segunda Venida) para juzgar a los vivos y a los muertos e inaugurar un cielo nuevo y una tierra nueva. Además de esta importante doctrina, los Cristianos mantienen diferentes opiniones del tiempo, significado y naturaleza de los eventos que preceden el retorno de Cristo. Varias interpretaciones escatológicas como el Futurismo, añaden detalles como el reino del Anticristo, el Armagedón, el Rapto, y el Milenio. Aunque son de mucha importancia para ciertos grupos, la mayoría de los Cristianos y las denominaciones Cristianas no le dan un gran énfasis a las enseñanzas escatológicas enfocándose en el Evangelio y las enseñanzas de Cristo. Algunos Cristianos esperan que estos eventos ocurran en un futuro muy distante, mientras otros lo interpretan de manera simbólica. Otros insisten que el Juicio Final es inminente, siguiendo una antigua línea de pensamiento el cual posiblemente se extiende a Jesús mismo. Aunque Jesús aseguró no saber el "día o la hora" otros han intentado en predecir el fin del mundo en el año 1000 (la "Larga Noche de Terror"), 1666, y 1844 (la Gran Decepción de la historia Adventista